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La luz cara…¿y la gracia barata?

Denunciar la situación de pobreza energética que afecta a tantas personas, defender la energía y otros bienes comunes como derechos universales y desenmascarar los causantes de estos abusos, y que se lucran directa o indirectamente del sufrimiento ajeno, es no solo una cuestión ética sino de supervivencia de del verdadero seguimiento de Jesús.

El precio de la luz, de nuevo, está en máximos históricos, una situación que afecta a todos, pero especialmente a la población en situación de mayor vulnerabilidad. 4 millones y medio de españoles son incapaces de afrontar el pago de la factura eléctrica. En España, la Asociación de Ciencias Ambientales ha estimado que la pobreza energética podría ser responsable de entre 2.300 y 9.300 muertes prematuras al año, mucho más que las víctimas mortales de accidentes de tráfico en carretera[1]. En 2020, según datos de la Fundación FUNCAS y de la Universidad Pontificia de Comillas la incapacidad para mantener la casa caliente afecta al 15 % de la población española, a unos 6,8 millones de personas y a 2,6 millones de hogares y causa unas 7.100 muertes anuales[2].

Los beneficios reales de las tres principales compañías eléctricas españolas, Endesa, Iberdrola y Naturgy (el 85% del mercado), se aproximan a los 7.000 millones de euros de beneficio[3]. España se ha convertido en uno de los países con la electricidad más cara de Europa.

 

La escalada de precios energéticos y la bajada de los salarios actuales conducen a situaciones en las que aunque una persona tenga trabajo remunerado no pueda cubrir sus necesidades básicas como ser humano integrado en una sociedad: vivienda, agua, energía, alimentación, salud, comunicación, formación y educación.

Unos de los principios básicos de vida humana y también de la doctrina social de la Iglesia[4] es el “Bien Común”, el conjunto de condiciones que una sociedad se da para permitir a todos sus miembros que vivan digna y dignamente y que contribuyan a la convivencia respetando la diversidad de los demás. La idea de bien común, en la teología católica, se apoya en dos principios: la dignidad de la persona humana y el destino universal de los bienes (los bienes de la creación están destinados al género humano en su conjunto).

Para la realización concreta del Bien Común son fundamentales los “bienes comunes”, aquellos bienes y servicios que son esenciales e insustituibles para la vida y la convivencia, como el aire, el agua, el suelo, la salud, el conocimiento, la seguridad, información, trabajo, la energía o la vivienda … En este sentido, los “comunes” forman parte del campo de los derechos humanos y sociales, individuales y colectivos, y son, por definición, públicos y universales, pues garantizan el derecho a la vida de todos y a la convivencia. Por tanto, no pueden ser objeto de apropiación privada ni estar sujetos a mecanismos de mercado. Deben estar gestionados por organismos públicos, basados ​​en la participación real y efectiva de la ciudadanía. Los procesos actuales de privatización de casi todos los bienes básicos han llevado a la mercantilización generalizada de la vida.

Pero actualmente parece que lo sagrado no es la vida, sino el mercado, un sujeto regulador supremo, indiscutible, del funcionamiento de la economía y la sociedad, que crea la exclusión y el desastre ecológico que hoy contemplamos.

¿Y a nosotros cristianos que nos corresponde hacer?

El gran teólogo alemán D. Bonhoeffer nos confrontó con lo que significa verdaderamente seguir a Cristo. Su mayor preocupación es la gracia barata, una gracia tan diluida que ya no se parece a la de los Evangelios.

La gracia barata es la justificación del pecado y no del pecador. […] La gracia barata es la gracia que tenemos por nosotros mismos. La gracia barata es la predicación del perdón sin arrepentimiento, el bautismo sin disciplina eclesiástica, la eucaristía sin confesión de los pecados, la absolución sin confesión personal. La gracia barata es la gracia sin seguimiento de Cristo, la gracia sin cruz, la gracia sin Jesucristo vivo y encarnado[5].

La gracia barata es la vía fácil de amoldarse a las formas y discursos s dominantes en la sociedad, renunciar a denunciar la injusticia si eso pudiera darnos algún problema. Frente a ello la gracia cara  es la llamada al seguimiento de Jesús, es dejar las redes y seguir a Cristo. “Cuando Pedro es llamado a la mar insegura, debe levantarse y arriesgarse a dar este paso. En todo esto sólo se requería una cosa: confiar en la palabra de Jesús, considerarla como un terreno mucho más firme que todas las seguridades del mundo”.[6]

Con el Papa Francisco podemos decir ‘la dignidad de cada persona y el bien común son cuestiones que deberían estructurar toda política (Evangelii gaudium, n. 203). No es posible, al mismo tiempo, no enemistarse con las elites y servir al bien común.

Como cristianos, seguidores de aquel que alzó la voz contra los causantes de la injusticia que reina en la sociedad, deberíamos manifestarnos con más contundencia. Es cierto que no hemos visto ninguna declaración eclesial que vaya directamente contra las causas de esta situación. La institución eclesial, que como tal institución debe garantizar su supervivencia, ha tenido, por ello, que involucrarse en las estructuras políticas y en el propio sistema capitalista, al que, por tanto, no puede criticar de modo radical. Por otra parte y por sus propios principios, la Iglesia institucional quiere un mundo justo donde se respete la dignidad de cada persona, y dedica mucho esfuerzo a aliviar las heridas de los excluidos aunque sin atacar las causas sistémicas.

Sin embargo, en la actual coyuntura histórica, donde este modo de desarrollo capitalista nos está llevando directamente al caos y al exterminio de gran número de seres humanos y de la propia naturaleza, es la hora de enfrentar ese dilema que Bonhoeffer nos ofrecía.  Denunciar la situación de pobreza energética que afecta a tantas personas, defender la energía y otros bienes comunes como derechos universales y desenmascarar los causantes de estos abusos, y que se lucran directa o indirectamente del sufrimiento ajeno, es no solo una cuestión ética sino de supervivencia de del verdadero seguimiento de Jesús.

 

 

[1] https://www.cienciasambientales.org.es/index.php/comunicacion/noticias/567-3er-estudio-pobreza-energetica-en-espana-nuevos-enfoques-de-analisis

[2] https://www.lavanguardia.com/vida/20200114/472898365403/frio-y-pobreza-energetica-causan-al-ano-en-espana-7100-muertes-segun-ong.html

[3] https://www.publico.es/economia/ganancias-electricas-disparan-700000-euros-hora.html

[4] Bien común es “el conjunto de aquellas condiciones de la vida social que permiten a los grupos y a cada uno de sus miembros conseguir más plena y fácilmente su propia perfección” (Constitución Pastoral Gaudium et Spes, n. 26).

[5] [5] Bonhoeffer, Dietrich, El precio de la gracia. El seguimiento. 6ª ed. Sígueme. Salamanca. 2004.. p. 17

[6] Ibid. p. 47

 

 

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