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La importancia del cuidado en las organizaciones sociales (I): distinguir entre Misión y tareas

 

 

Muchos profesionales sufren estrés y agotamiento físico y psicológico. Difícilmente vamos a poder cuidar de otros si no somos capaces de cuidarnos de nosotros mismos y si no potenciamos el cuidado de las personas con las que compartimos la misión. Toni Catalá distinguía muy bien entre tareas y misión…

Hace muchos años un estudiante preguntó a la antropóloga estadounidense Margaret Mead cuál   fue el primer vestigio de civilización en la Humanidad. En lugar de hablar de alguna herramienta, una vasija de barro o la piedra de moler, Mead respondió: “un fémur de 15.000 años encontrado en una excavación arqueológica “. El fémur estaba roto, pero había sanado. Es uno de los huesos más grandes del cuerpo humano (conecta la cadera con la rodilla) y tarda seis semanas en sanar. Alguien se había ocupado de esa persona. La albergó y la alimentó. La protegió, en lugar de abandonarla a su suerte. En la naturaleza, cualquier animal que se rompa una pierna está condenado. Lo que nos distingue como civilización es la empatía, la capacidad de cuidar a los demás.

El cuidado no es un conjunto de acciones de protección, es un modo de ser, la manera como la persona se estructura y se relaciona con los otros. Es una actitud ante la vida que deriva de la naturaleza del ser humano. El cuidado es una elección que tomamos cuando nos encontramos ante las necesidades del otro. Todos necesitamos cuidados, pues el ser humano, contrariamente a la mayoría de los mensajes publicitarios, es esencialmente vulnerable.

Difícilmente vamos a poder cuidar de otros si no somos capaces de cuidarnos de nosotros mismos y si no potenciamos el cuidado de las personas con las que compartimos la misión. Y más en nuestros días, cuando nos encontramos con un síntoma universal: el cansancio. Todos, de una forma u otra, nos sentimos muy cansados. No es un puro agotamiento por el trabajo, pues éste termina en algún momento, es un cansancio fundamental que nos acompaña constantemente. El filósofo surcoreano Byung-Chul Han ha hablado de esta sociedad del cansancio (de la que la depresión no es más que uno de sus síntomas), en la que “se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se puede”, y si no se triunfa, es culpa suya.  “Creemos que somos libres. Pero en realidad, nos exploramos intensamente hasta que colapsamos.

 En las organizaciones de acción social nos encontramos con bastantes profesionales que sufren estrés y síndrome de agotamiento físico y psicológico también llamado burnout (del inglés, que significa quemarse). Los síntomas son variados: despersonalización, insatisfacción con el trabajo, sentimiento de agotamiento, pérdida de ilusión por lo que se hace. El contacto permanente con personas en situaciones de gran vulnerabilidad exige una enorme dedicación e implicación personal, siempre desgastante pero mucho más cuando se ha pedido la identificación con la misión, bien por el acumulo de trabajo, bien porque no percibe la conexión entre ésta y las necesidades concretas que encuentra en su vida cotidiana.

Toni Catalá distinguía muy bien entre tareas y misión[1]  “Es engañoso confundir la Misión con lo eficaz, lo productivo, lo activo, lo que se ve y se nota, también estamos en Misión cuando nos sumergimos desde el Señor Jesús en dinámicas ineficaces, improductivas, pasivas, ocultas a los ojos del mundo y contrarias a su lógica. Jesús estuvo en Misión desde la Encarnación y en sus años de ser “uno de tantos” ….Lo oculto a los ojos del mundo es Misión….La Misión es única, las tareas dependen de los contextos y posibilidades, la tarea concreta la Misión en el aquí y ahora pero no la agota en absoluto”.

Y nos advertía: “las tareas nos pueden dar una falsa identidad, no “somos” profesores y profesoras, trabajadores sociales…etc., aunque los seamos, somos radicalmente, desde la raíz de nuestro ser, criaturas agraciadas del Dios de la Vida. Esto no es una mera consideración piadosa pues trae consecuencias en la vida cotidiana, cuando me identifico con el rol cuando este termina o desparece ya no se quién soy ni para que estoy en la vida”.

Buena parte de nuestro cansancio viene de este activismo sin límite, de este querer realizar cuantas más actividades mejor para justificarnos, de priorizar las tareas y dejar a un lado (porque la damos por supuesta) a la misión. Nuestro “combustible interno” viene del sentido que nos proporciona la misión, que es muy diferente de la conjunción de las actividades programadas, y en la que están presentes personas y acciones, muchas veces, tomadas injustamente por irrelevantes. En una cultura que prioriza la exhibición, la eficacia y el rendimiento -como también nos enseña T. Catalá- priorizar el ser sobre el hacer  es absolutamente contracultural y supone un esfuerzo y una conversión de corazón para mirar la realidad de otro modo.

Ayudar a distinguir entre misión y tareas pasa por una competente gestión, pues ésta es el puente entre la misión y su efectuación concreta en el ámbito donde estamos trabajando. Cuanta más desafiador es el contexto, más será necesario liderar, organizar, planear, ejecutar y evaluar; más será necesario la gestión de personas pues se precisará formarlas, crear un sentido de identidad con la misión, impulsar sus fuerzas y reducir  sus debilidades.

Esa gestión eficiente tiene que poner las condiciones para que sea promovido el cuidado mutuo entre trabajadores y voluntarios, de ahí que la espiritualidad (hablo de espiritualidad, no de religión) deba ser elemento vertebrador de la vida interna de esas organizaciones.

La espiritualidad del cuidado mutuo pone especial énfasis en 5 indicadores que servirán de guía para evaluar la correcta gestión del personal:

  • La escucha activa
  • Sentido de comunidad en el equipo
  • Sintonía del individuo con la misión y los valores de la organización
  • Sentido de servicio a la comunidad
  • Comunicación transparente y abierta
  • Alegría en el trabajo
  • Oportunidades para la vida interior

A lo largo de los próximos posts continuaremos hablando de estos indicadores

[1] Catalá Toni. Conferencia impartida en la XLVIII Asamblea Nacional de la CIRM en México DF el 27 de abril de 2013. Disponible en http://csccarmelitas.org/images/stories/pdf/PRESENCIA-MAR-ABRIL2013%20WeB.pdf. Acceso 15 de agosto de 2021

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