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La parresía como nuestra señal de identidad: dos ejemplos en la iglesia brasileña

 

En épocas de crisis es fundamental reforzar el núcleo de valores que nutren la misión y garantizan la identidad de la Iglesia y de las entidades de inspiración cristiana. Uno de esos valores esenciales es el de parresía, algo que ha subrayado en numerosa ocasiones el Papa Francisco, como hizo muy recientemente en un discurso, a miembros de la Cáritas italiana, en el que invita “ a la parresía de la denuncia que nunca es una polémica contra alguien, sino una profecía para todos: es proclamar la dignidad humana cuando es pisoteada, es hacer que se escuche el grito sofocado de los pobres, es dar voz a los que no la tienen”.[1]

El filósofo francés Michel Foucault, que estudió este término  a la luz de la sabiduría de la antigua Grecia, la biblia (el concepto aparece 40 veces en el Nuevo Testamento y 12 veces en el Antiguo) y los padres de la iglesia,  la definió como “una forma de actividad verbal en la que el hablante tiene una relación específica con la verdad a través de la franqueza, una cierta relación con su propia vida a través del peligro, un cierto tipo de relación consigo mismo o con otros a través de la crítica (autocrítica o crítica a otras personas), y una relación específica con la ley moral a través de la libertad y el deber[2] .

Brasil viene en los últimos años sufriendo un lento genocidio[3] que ha acabado con casi 600.000 muertos a causa de las políticas de Jair Bolsonaro, negando los efectos del coronavirus, dificultando la compra de vacunas, cuestionando la mascarilla y el distanciamiento social y promoviendo el uso de medicamentos probadamente ineficaces para el tratamiento precoz. Además ha impulsado la devastación de la Amazonia y otros recursos naturales, ha dado carta blanca a la policía para matar en las favelas y ha dejado en la pobreza y en la extrema pobreza a 61 millones de brasileños  ( en los dos últimos años ese número aumentó en 14,5 millones) [4].

Ante esa situación numerosos cristianos de bases, sacerdotes, organizaciones eclesiales y algunos obispos han levantado la voz con parresia para clamar por justicia. Hace un año 1.058 sacerdotes firmaron un manifiesto de apoyo a una carta de 152 obispos de la iglesia católica con duras críticas al gobierno de Jair Bolsonaro. Quisiera mencionar, a título de ejemplo, a dos de ellos: Vicente Ferreira y Julio Lancellotti

Monseñor Vicente Ferreira fue noticia en 2020 por haber denunciado al gobierno Bolsonaro ante Naciones Unidas por sus políticas de apoyo a las grandes empresas mineras, con terribles consecuencias para el medio ambiente y la población. En 2019 ocurrió una gran catástrofe ambiental, en la ciudad de  Brumadinho, al derrumbarse  la presa de la MIneradora  Vale (el dictamen pericial comprobó la culpabilidad de la empresa), causando el vertido de 10 millones de metros cúbicos de lodo tóxico y la muerte de 272 personas, matando también la cuenca del río Paraopeba, sustento de muchas personas y fuente de vida en la región. A partir de ese momento, de auténtica conversión, Vicente Ferreira, obispo auxiliar de Belo Horizonte, se trasladó a vivir a Brumadinho, de manera sencilla y humilde, denunciando  la situación que viven sus gentes la gente en foros nacionales e internacionales. Los problemas para Dom Vicente llegaron cuando se atrevió  a criticar  “la economía que mata” exigiendo responsabilidades  a la Vale,  multinacional brasileña, que es hoy la segunda compañía minera más grande del mundo. A partir de ahí comenzaron las amenazas de muerte, insultos y calumnias que aumentaron, cuando con ocasión de la pandemia de covid, monseñor Ferreira criticó la desastrosa política sanitaria de Bolsonaro al que calificó de  “fascista”,  defendiendo la destitución del presidente.

El padre Julio Lancellotti (São Paulo, 1948),tiene tres décadas de trabajo con personas sin hogar, niños y adolescentes en situación de exclusión social. Defensor de los derechos humanos de los más pobres, ha llegado a ser procesado por el actual presidente brasileño al denunciar en una homilía el carácter “machista, racista y homófobo” de sus políticas. Igualmente ha protestado enérgicamente contra el actual jefe de Estado por “dejar quemar” el Pantanal y la Amazonía, donde los incendios forestales han aumentado desde que asumió el poder en 2019.Nada menos que un millón 61 mil de hectáreas pérdidas durante el 2019, según datos de la  Global Forest Watch[5]. Cada seis segundos desapareció un bosque tropical de la talla de un estadio de fútbol en 2019.

A los 72 años, forma parte del grupo más susceptible de ser afectado por complicaciones del covid-19, pero aun así, durante cada uno de los días de esta larga pandemia ha continuado su actividad cotidiana y convivencia con las personas que viven em las calles de São Paulo.  Como él dice, “no trabajo con personas sin hogar, vivo con ellos. Porque si dices ‘trabajar con ellos’ parece que les conviertes en objetos. Es necesario mirar la vida de forma humana. Esta no es solo una tarea para las personas religiosas. Pero no podría vivir la dimensión religiosa sin humanizar la vida. “. No posee nada, ni coche ni casa, más allá de una simple habitación, porque para el padre Lancellotti “el religioso tiene que ser un sirviente, no un líder. Dentro del cristianismo y también en cualquier religión o fuera de él, tenemos que ser humanos, humanizados y humanizados. Entonces, en mi convivencia con la población que vive en la calle, me siento en una búsqueda de coherencia con mi fe”.

La parresia de Julio Lancellotti le había causado desde siempre problemas, pero con el ascenso de la extrema derecha las amenazas de muerte, agresiones, difamaciones y ataques a sus proyectos han sido constantes.  “Mis peores momentos son cuando veo a personas sin hogar sufrir violencia. Cuando sufren violencia por mi culpa, cuando las golpean y dicen: ‘Eres protegido del cura. Ve a llamar al cura para que vea cómo te golpeamos’. Esto es aporofobia, odio a los pobres “.

No es raro que muchas veces optemos por abstenernos de decir la verdad. De hecho, si nos atrevemos a manifestar lo que pensamos, nos volveremos, como mínimo, complicados para la convivencia humana. Sin embargo, hablar con parresia es mucho más que decir lo que se piensa, es hacerlo con credibilidad, poniendo en riesgo la propia vida, o sea, confrontando el poder. La parresia viene de abajo y se dirige a quien está arriba, implica una situación de no-poder. Hay una renuncia previa a cualquier situación de privilegio o posición de poder que facilita  decir algo  con parresia.

Esa coherencia vivida en la piel de estos dos religiosos es marca identificativa del cristiano , como dice el Papa Francisco: “ el signo del cristiano, del verdadero cristiano: es valiente, dice toda la verdad porque es coherente” [6].

[1] Discurso del Papa Francisco a los miembros de la Cáritas Italiana en el 50 aniversario de su fundación. 26 de junio de 2021. Disponible en: https://www.vatican.va/content/francesco/es/speeches/2021/june/documents/20210626-caritas-italiana.html. Acceso 23 de agosto de 2021

[2] FOUCAULT, M. (2004). Discurso y verdad en la antigua Grecia. Barcelona: Paidós,p. 46

[3] Ha recibido varias denuncias por genocidio en el Tribunal Penal Internacional  de la Haya

[4] https://www.cut.org.br/noticias/pobreza-e-extrema-pobreza-atingem-70-4-milhoes-de-brasileiros-em-2021-fb90

[5] https://n9.cl/8w8j3

[6]   Homilía del Papa Francisco. “El don del Espíritu Santo: la franqueza, el valor, la parresia”. Sábado, 18 de abril de 2020. Disponible en https://www.vatican.va/content/francesco/es/cotidie/2020/documents/papa-francesco-cotidie_20200418_lafranchezza-dellapredicazione.html. Acceso el 24 de agosto de 2021.

 

 

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