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El Efecto Lázaro (I) : etapas en el proceso de cambio

Es bueno, en medio de tantas tristes noticias últimamente, traer señales de esperanza. Es lo que quiero hacer con el llamado efecto Lázaro: volver a la Vida. Esto mismo es lo que, de alguna manera consiguen entidades sociales con algunas de las personas que participan en sus proyectos: impulsar procesos de cambio que suponen una ‘resucitación’ de la persona, una metamorfosis.

Recientemente una noticia daba cuenta del descubrimiento de un pequeño roedor de Australia se consideraba desaparecido desde finales del s. XIX pero que recientemente fue detectado. A esto se le denomina efecto Lázaro cuando una especie considerada extinguida vuelve a ser avistada.

También se le da esa denominación (en referencia al pasaje de la Biblia en el que Jesucristo resucita a Lázaro de entre los muertos) al hecho de volver a la vida científicamente hablando, o también llamado RSOC, retorno retardado de la circulación espontánea. Después de que se haya intentado la resucitación cardiopulmonar algunos pacientes recuperan espontáneamente la respiración y la circulación. Son pocos los casos y en la mayoría de ellos las personas con ROSC no sobreviven mucho tiempo más, pero un 35% de los pacientes aproximadamente retoma su vida normal.

Esto mismo es lo que, de alguna manera he visto que han conseguido proyectos sociales (en los que he tenido la suerte de trabajar sean el proyecto Diálogos pela Liberdade en Brasil, la Compañía de Jesús en varias partes del mundo, o Caritas en España) con algunos de las personas que participan en sus proyectos: impulsar procesos de cambio que suponen una ‘resucitación’ de la persona, una metamorfosis.

Las personas cambian por dos razones. Primero si son obligadas a ello por diversas circunstancias de la vida, algunas fortuitas otras socialmente estructurales. Es lo que ocurre con muchos seres humanos en situación de exclusión social: dejaron de ser cuidados por alguien a muy temprana edad, perdieron el empleo o la vivienda, sufrieron (ellos o un familiar directo) un accidente o enfermedad grave, y se ven en lugar que no escogieron. En segundo lugar cambian cuando quieren y si, al mismo tiempo, se les ofrecen las condiciones para hacerlo: cambian para tener una vida mejor. Y normalmente supone un largo proceso con sus diversas etapas, Lo que voy a exponer aquí referido a las personas con las que trabajamos puede aplicarse perfectamente a instituciones que con el tiempo ven la necesidad de transformarse para sobrevivir.

  1. Subsistencia: garantizar la vida amenazada

Inicialmente la persona que sufrió ese “descenso a los infiernos” y lleva un tiempo ahí puede hasta negar la existencia del problema o no reflexionar sobre el mismo, bastante tiene con sobrevivir. Garantizar las condiciones mínimas de supervivencia (alimentación, un hogar, salud e higiene, alguna renta que le permita vivir dignamente) es la condición de posibilidad de cualquier proceso de cambio.

  1. Despertar: creando dudas

Los primeros momentos con la entidad social deberán conducir a crear un vínculo de confianza, conocimiento muto y sintonizar sensibilidades. Con el tiempo esa convivencia debe llevarle a dudar sobre si su actual situación es la única que puede tener, si no se puede mejorar. Es preciso evitar al máximo la idea de que “la vida es así”. La gente que no tiene dudas solo es capaz de repetir, no es capaz de repetir o de innovar.

  1. Autoconocimiento

Hay un proceso importante de deconstruir la imagen que uno tenía de sí mismo, normalmente muy negativa y limitante: no eres lo que tienes, ni lo que haces, ni lo que los otros piensan de ti. Aprende a conocer sus límites y potencialidades y hacer un difícil ejercicio de cálculo: “Quiero el cambio, pero ¿vale la pena el esfuerzo?

  1. Determinación: proporcionar un horizonte de esperanza

Es el momento de la motivación, y ahí deberemos estar muy atentos con nuestras palabras (Proverbios 18,21 dice: “Muerte y vida están en poder de la lengua) a que esa motivación surja y sea alentada. La motivación, cuando acompañada de un horizonte de esperanza, dará lugar a la decisión de cambiar.

Mostrar esa esperanza es crucial, haciéndole ver que este término no viene del  verbo esperar (aguardar pasivamente) sino de esperanzar ( que implica búsqueda, salida en pos de lo que se desea) viene del verbo esperanzar, no de esperar, implica esperanzar es un verbo activo

  1. Acción

La persona comienza la práctica de nuevas acciones, disminuye o para conductas que le perjudicaron en el pasado y se ve apoyado para emprender otras nuevas. Desde los acompañantes de este proceso es vital señalar limites, advertir de conductas peligrosas. No es verdad que el amor lo acepta todo, la persona capaz de amar es aquella que recusa aquello que causa daño o le va a perjudicar gravemente ahora o en el futuro.

  1. Mantenimiento

Esta fase se caracteriza por la consolidación del comportamiento. El individuo comienza a reconocerse en su nueva forma de actuar, sin embargo, debe haber compromiso y atención, ya que algunos hechos de la vida pueden actuar como “detonantes emocionales”, causando las recaídas.

Las recaídas son muy comunes en los cambios de comportamiento. En esos casos es normal experimentar sentimientos de fracaso y frustración. La clave para persistir es evitar que estos contratiempos socaven la confianza en uno mismo, detectar qué causó la recaída y cómo actuó y aprender de la experiencia.

 

 

 

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