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El Efecto Lázaro (II) : la metáfora de la oruga y la mariposa

Al final de ese proceso de transformación personal  nos encontramos con la sensación de que  algo más fuerte, más profundo, más fundante, hubiera intervenido desarrollando todas sus potencialidades. Por eso cuando vemos que una persona ha realizado un proceso de transformación personal, mayor o menor, no lo achacamos simplemente a  sus esfuerzos, y mucho menos a los nuestros, sino que afirmamos “todo es gracia”.

Al igual que la oruga se convierte sorprendentemente en mariposa, al final de ese proceso de transformación personal, del que hablamos en el anterior post,  nos encontraremos con un ser humano totalmente renovado.  Y no se pueden encontrar crisálidas ya confeccionadas. Para transformarse en mariposa, la oruga tiene que “construir” su propia crisálida. No puede usar una de otra ni pedirle a otra oruga que lo haga por ella. Se construye su crisálida sin saber qué mariposa saldrá. Cuando comienza su proceso la oruga desconoce cuál será su color y qué tamaño tendrán sus alas de mariposa, y ni siquiera estará segura de poder volar.

E incluso con esta incertidumbre, construye su crisálida capullo, toma una decisión. A menudo estamos estancados por miedo a cometer errores o por no saber en qué podemos convertirnos. Evolucionar no es mejorar, en el discurso de Darwin evolucionar significa adaptarse. Muchas veces nos adaptamos a nuestro entorno para subsistir , pero eso no nos hace mejorar . Al igual que las orugas, también debemos tomar una decisión para cambiar. Todo el mundo quiere volar pero no darse al trabajo de hacer una crisálida.

El proceso es lento, puede vivir más dentro del capullo que fuera, como una mariposa. Este es un riesgo que asume toda oruga. Es importante respetar el tiempo que lleva el proceso, no forzarlos; querer adelantar el nacimiento de la mariposa rompiendo el capullo antes de tiempo conlleva su muerte.

Em último término es preciso abandonar la crisálida, en la cual uno puede haber desarrollado cierto confort. No es posible eternizar procesos de cambio.

El resultado final va mucho más allá de las simples acciones de la oruga; es como si algo más fuerte, más profundo, más fundante, hubiera intervenido desarrollando todas sus potencialidades. Por eso cuando vemos que una persona ha realizado un proceso de transformación personal, mayor o menor, no lo achacamos simplemente a  sus esfuerzos, y mucho menos a los nuestros, sino que afirmamos “todo es gracia” , “siervos inútiles somos, hicimos lo que teníamos que hacer”.

 

 

 

 

 

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