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Desapego: el camino de la gracia

La gracia implica desprendernos del afán de controlar nuestra vida, dejar de justificarnos por los resultados o de manipular para conseguir un fin. La gracia es dejarse llevar por el espíritu, acoger la Vida, saber que uno es amado, exactamente como es.

En el prólogo de la conocida obra cinematográfica “The Tree of Life”, su autor, Terrence Malick comienza con la cita bíblica del libro de Job, 38, 4-7: “¿Dónde estabas cuando Yo cimentaba la tierra? / Explícamelo, si tanto sabes. / ¿Quién fijó sus dimensiones, si lo sabes, / o quién extendió sobre ella el cordel? / ¿Sobre qué se apoyan sus pilares? / ¿Quién asentó su piedra angular, / cuando cantaban a una las estrellas matutinas, / y aclamaban todos los ángeles de Dios?”. Después, una voz en off nos propone la gran disyuntiva de esta gran película…y de todo ser humano:

Las monjas nos enseñaron que hay dos caminos en la vida: el camino de la naturaleza y el camino de la gracia. Debes escoger cuál seguirás. La gracia no trata de satisfacerse a sí misma. Acepta ser despreciada, olvidada, antipática. Acepta insultos e injurias. La naturaleza busca solo complacerse a sí misma. Hace que los demás también la complazcan. Le gusta imponerse a ellos. Salirse con la suya. Encuentra razones para ser infeliz cuando todo el mundo brilla a su alrededor y el amor sonríe en todas las cosas. Nos enseñaron que nadie que ame el camino de la gracia tendrá un mal final. Te seré siempre fiel. Pase lo que pase.

Terrence Malick, El árbol de la vida (2011)

 

 

Ya Simone Weil nos había advertido de que hay en nuestro mundo, en medio de toda existencia amenazada, una fuerza semejante a la de la gravedad que empuja al ser humano a  satisfacer deseos, a  tener, conservar y ganar cosas (bienes, prestigio, conocimiento, poder…) para protegerse y subsistir, afirmando su propio ego. Pero todo eso que va adquiriendo a lo largo de la vida es ficticio y le aleja del encuentro con lo verdaderamente real.

La fuerza de la gracia, radicalmente opuesta a esa ‘fuerza de la gravedad’, es un movimiento que viene de Dios. Es ella la que nos permite liberarnos de esa pesada carga y acercarnos al supremo Bien. Pero acoger la gracia implica vaciarse de sí mismo, de todas esas cosas que supuestamente nos llenaban y daban seguridad, y aceptar el vacío que todo ser humano tenemos dentro. La no aceptación de ese vacío, querer llenarlo a toda costa con todo tipo de satisfacciones y recompensas, forma parte de la naturaleza humana. Aceptar el vacío supone , por tanto, ir contra el instinto natural, pero es condición básica para acoger la gracia. Hablamos del camino del desapego, que cuando es total  (“Renunciar a todo cuanto no sea la gracia, y no desear la gracia”) nos lleva a experimentar la ausencia absoluta de Dios, la noche oscura del alma

La gracia implica desprendernos del afán de controlar nuestra vida, dejar de justificarnos por los resultados o de manipular para conseguir un fin. La gracia es dejarse llevar por el espíritu, acoger la Vida, saber que uno es amado, exactamente como es.

Al fin y al cabo la vida plena no es más que el final de un largo proceso de autodescubrimiento y aniquilación del ego para encontrarse con una nueva visión de lo real.

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