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Cuidar de personas vs recursos humanos

Cuidar es más que un acto; es una actitud que representa una actitud de ocupación, preocupación, responsabilidad e implicación emocional con el otro.

Uno de los aspectos más importantes en una organización, y más si se trata de una perteneciente al tercer sector, es la llamada ‘gestión de personas’, o ‘recursos humanos’. Esta última denominación no es especialmente afortunada ya que considerar las personas como recursos, de algún modo, las convierte en objetos, importantes solo en tanto resultan útiles. Tampoco ‘gestión de personas’ parece adecuado, pues se gestionan cosas nunca personas.

Seria preferible el concepto ‘cuidado de las personas” que integran una determinada institución. El origen de ‘cuidar’ es latino, del término cogitare (pensar, poner atención reflexiva) y curare (cuidar, preocuparse) refiriéndose tanto al cuerpo como al espíritu.

Para L. Boff esta idea sería la base del ser humano, pues “cuidar es más que un acto; es una actitud que representa una actitud de ocupación, preocupación, responsabilidad e implicación emocional con el otro”.

Un ‘gerente de personal’ no es meramente aquel que consigue que los empleados hagan cosas de manera competente, sino aquel que cuida de ellos y que es capaz de armonizar la pluralidad de competencias y habilidades, al modo de un director de orquesta, ayudando así a la misión de la entidad. Consigue que el valor del conjunto sea mayor que la suma de sus partes. Es aquel que sabe valorar adecuadamente no solo el conocimiento explicito que todo el mundo tiene (derivado de su formación académica, su especialización universitaria, etc.) sino, sobre todo, del conocimiento explícito: el vivencial , el que procede de la rica experiencia de cada ser humano.

Dicho esto y reconociendo el inmenso valor que tienen las personas en este ámbito, no es lo más importante. Una organización del tercer sector, y con más motivo, una organización de la Iglesia es un organismo con una misión, una visión de futuro, con un modo concreto de llevarlo a cabo y unos valores definidos (una “cultura”). La misión constituye su razón de ser. La institución sirve a la misión y no al contrario. Podría darse el caso de tener excelentes profesionales, altamente competentes, e incluso con un buen clima interno de trabajo y que sin embargo, por no estar bien alineados con la misión, toda ese buen ambiente y grandes capacidades , sean poco fructíferas.

Creo que se requieren al menos tres elementos para que en una institución se pueda cuidar adecuadamente de las personas que lo integran

  • Compromiso, que solo se alcanzará si, desde el principio, tienen claro cuál es la misión en la que están, cuál es la perspectiva de futuro de la organización y de su papel en ella. Cuando no existe comprensión de esto, su trabajo es solo un empleo, una fuente de renta y no un proyecto de vida, un lugar donde encontrar realización.
  • Colocar a las personas en un proceso de formación continuada de manera que vean que la institución invierte en ellas.
  • Situaciones de reconocimiento, que van más allá de mejoras retributivas (aunque también las incluyen), pues tienen que ver con la confianza en la delegación de tareas, con la transparencia en las informaciones, con la capacidad de celebrar, de conmemorar y recordar aspectos importantes de la vida de cada colaborador. Todo esto nos ayuda a cohesionarnos y sentirnos parte de algo común.

El cuidado de las personas, como actitud básica, se integra en el ámbito de la misión como configuradora de sentido, en la comprensión de lo colectivo como superior a lo individual y en el ejercicio del poder como servicio.

 

 

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